
PFAS – ¡Peligro en el agua potable!
Los PFAS en el agua potable ya no son un tema marginal.
PFAS no es una palabra de moda, un titular pasajero ni un tema ambiental teórico. PFAS representa un desafío estructural para nuestra agua potable, a nivel mundial. Y precisamente por eso merece una explicación clara, comprensible y técnicamente fundamentada. No para generar miedo, sino para entender cómo evitar lo que es evitable y cómo protegerse de manera efectiva.
Los PFAS son sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, productos químicos artificiales diseñados para cumplir con exigencias extremas. Son resistentes al calor, repelen el agua y la grasa, y son excepcionalmente duraderos. Lo que en la industria se considera una ventaja técnica se convierte en un grave problema en el contexto del agua potable.
La razón se encuentra en su química. El enlace entre carbono y flúor es uno de los más fuertes que conocemos. Los PFAS prácticamente no se degradan en el medio ambiente. Se mueven con el ciclo del agua, se acumulan y permanecen en el cuerpo humano durante períodos muy largos. Por ello, el término “Forever Chemicals” no es una exageración, sino una descripción precisa.
La relevancia para la salud de estas sustancias está bien documentada. Se ha demostrado que algunos compuestos PFAS están relacionados con alteraciones hormonales, problemas de fertilidad, cambios en el sistema inmunológico y un mayor riesgo de cáncer. La discusión científica ya no se centra en si los PFAS son problemáticos, sino en la magnitud y duración de sus efectos. Lo importante no es la exposición única, sino la ingesta continua durante años, especialmente a través del agua potable.
Los PFAS no llegan al agua por casualidad. Son el resultado de décadas de uso industrial y de una distribución global de estas sustancias que no se puede revertir fácilmente. Una vez que llegan a las aguas subterráneas, son muy móviles, extremadamente difíciles de eliminar y contaminan las fuentes de agua durante generaciones. Las mediciones muestran que los PFAS ya no son un fenómeno local; se detectan de manera generalizada, incluso en lugares donde se esperaría “pureza original”, incluyendo regiones del Ártico y la Antártida.
En este contexto, la discusión sobre los valores límite puede resultar confusa. Cuando los límites se ajustan o se endurecen, no es porque las sustancias sean inofensivas, sino debido a la realidad de la mitigación de daños. El endurecimiento de los límites europeos no es un gesto político, sino la consecuencia lógica de los hallazgos científicos. Sigue un principio conocido desde hace tiempo en la tecnología del agua potable: lo que no entra en el agua, no necesita ser eliminado después.
Y aquí comienza la responsabilidad, no en el tratamiento, sino en la prevención de la entrada.
El agua potable no es un único valor ni un parámetro aislado. Es un sistema. Está influenciada por el tipo de tratamiento, transporte, almacenamiento y los materiales, componentes e interfaces utilizados. Los PFAS muestran cuán sensible es este sistema. Cada variedad innecesaria de materiales, cada fuente de sustancias poco clara, aumenta el riesgo de contaminación, directa o indirectamente.
Por eso no basta con hablar de los valores del agua sin abordar simultáneamente las decisiones sobre materiales. Quien toma en serio el agua potable debe adoptar una postura clara. Se trata de elegir conscientemente los materiales, garantizar transparencia sobre los materiales utilizados, reducir de manera constante las posibles fuentes de contaminación y priorizar la higiene a largo plazo sobre la comodidad a corto plazo.
Los PFAS son una advertencia de lo que ocurre cuando se priorizan las ventajas técnicas sobre la responsabilidad sistémica.
Al final, la conclusión es clara: los PFAS no son un problema ambiental aislado. Son un indicador de cuán responsablemente manejamos el agua potable. El agua potable no es un medio cualquiera. Es el alimento más sensible que tenemos. Y precisamente por eso no requiere concesiones, sino decisiones claras, tecnología limpia y estándares inquebrantables.
El conocimiento es el primer paso. La coherencia es el segundo.